Una de las noticias que ha acaparado atención esta semana fue el anuncio de la salida de Callo de Hacha del programa de radio al que había llegado apenas hace ocho meses.

En un afán modernizador la empresa radiofónica intentó abrir espacios a personalidades surgidas de otros medios (YouTube) pero al parecer la receta no ha dado resultado. Los ratings no levantaron por lo que el espacio otorgado al influencer ahora será ocupado por el mucho más tradicional e institucional Leonardo Curzio.

Jorge Roberto Avilés Vázquez, que tomó como nombre de batalla en redes sociales el de Callo de Hacha, surgió desde YouTube con un video blog en el cuál, junto con otros participantes, hacía un análisis tanto de la política como los hechos noticiosos de mayor relevancia.

Su transmisión tenía todo el desparpajo y la espontaneidad que puede dar el simple hecho de colocar una cámara y volcar ideas propias. Así se posicionó: con un sencillo podcast de nombre “Gente de Confianza”.

Una de las cosas que siempre me llamaron la atención de ese programa fue el hecho de que era muy fresco. Los tres conductores hablaban sin tapujos y exhibían sus ideas sin haber pasado de manera previa por algún filtro institucional o comercial.

Tenían toda la libertad que ofrecía el Internet más salvaje y la aprovechaban al máximo.

Esta libertad la utilizaron para exponer opiniones que a veces no eran las de la mayoría. Esta actitud independiente les generó adeptos por lo que no tardaron en caer en el juego del “contreras”: comenzaron a ponerse de manera sistemática en contra de la opinión general y eso a veces era gracioso, pero también era terrible.

La irreverencia no tardó en traducirse en más y más seguidores. Fue ahí cuando llamó la atención de los medios tradicionales.

¿Por qué no traerlos y aprovechar su base de seguidores que de seguro son los jóvenes milllenials que nos hacen falta en nuestros ratings?

La apuesta parecía segura, sin embargo pasó lo que siempre pasa cunado un contenido exitoso intenta cambiar de plataforma: fracasó de forma estrepitosa.

Definitivamente el estudio radiofónico de una empresa del medio es muy diferente al comedor de mi casa: Hay intereses, hay patrocinadores, hay gente que en su vida ha visto un video de YouTube por mérito propio… hay gente que nunca había visto a Callo de Hacha y no podía entender su actuar.

Hagamos un pequeño flashback: Cuando la televisión se popularizó en nuestro país hubo una especie de éxodo masivo en el que los programas de radio se trasladaron al nuevo medio. Se antojaba fácil pensar que si había tenido éxito en uno, lo haría en el otro y el resultado fue… terrible. Prácticamente todas las estrellas de la radio no pudieron adaptarse a la televisión.

Tal el público gustaba más de imaginarlos, tal vez perdieron algo de magia, tal vez –simplemente- no se adaptaban a las reglas del nuevo medio.

Un poco de esto le pasó a Callo de Hacha y muchos a otros que han intentado dar el salto desde Internet. Aunque parezca algo muy similar, cada medio tiene su lenguaje, cada uno tienes sus características y cada uno tiene un dueño diferente.

El carisma y forma de ser de Avilés no gustó a todos, sobre todo a los patrocinadores, y en los medios tradicionales eso es una condena de muerte.

El influencer se despidió a mediante un amargo mensaje en el que culpaba a los “chairos” (fauna política que bien merece toda una disertación) de su salida de la radio además de recriminar a los medios las burlas por su salida.

¿Qué va a pasar con Callo de Hacha?

Lo lógico: va a regresar a donde si lo quieren, a su propio territorio donde los que quieren oírlo llegan y, los que no, pues simplemente ni aparecen.

Tal vez, a final de cuentas, este experimento le haya servido para darse a conocer a la gente que se encuentra fuera de la esfera de las redes sociales. Una especie de campaña mercadológica que le ayudará a traer a más seguidores.

Una cosa es segura: regresará por sus fueros y seguirá siendo quien es. Tal vez en un futuro, cuando la generación que ya consume principalmente medios a través de Internet llegue al liderazgo, Callo de Hacha sea el líder de opinión que, hoy por hoy, pretende ser.

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