Sin duda alguna es en las redes sociales, sobre todo en Twitter, donde el descontento por las acciones realizadas por el presidente más se ha reflejado.
A través de “hashtags” y con el arrastre de “influencers” el trending topic de #FueraPeñaNieto encontró un camino de acción con la convocatoria para una marcha que exigiría la renuncia del mandatario el 15 de septiembre y que se realizaría de manera paralela a la ceremonia del Grito.
Dicen los que saben que hubo una verdadera preocupación tanto en los sistemas de seguridad de la ciudad como del Estado Mayor presidencial sobre dicha marcha. La presentación del presidente en el balcón de Palacio Nacional es uno de los momentos más delicados en términos de seguridad por lo que no se podía dejar nada a la ligera.
Además de la seguridad presidencial, el otro tema era el de la posibilidad de que la marcha se transformara en una protesta violenta justo cuando el Zócalo se encontraba lleno de gente cuyo único interés era el de ver los fuegos artificiales.
La noche del 15 llegó y no pasó nada. Mientras que las autoridades afirman que a la marcha llegaron unas 1,500 personas, sus organizadores clamaron unos 4 mil, cifra que tampoco es muy elevada sobre todo considerando las expectativas tanto de organizadores como de autoridades.
¿Qué fue lo que pasó?
Sin duda alguna ocurrió un tema del que ya hemos hablado antes en este espacio: las redes sociales podrán ser muy escandalosas, los influencers podrán desgañitarse de manera virtual pero, a final de cuentas, no deja de ser ruido de fondo, una válvula de escape que cuando es llevada a la calle, se traduce en desidia.
Parecido a lo que en otra era llamaban “revolucionarios de cafetería” personas “muy comprometidas” por las causas más diversas, desde la Revolución del Proletariado hasta el derribo del régimen que pontificaban y pronosticaban acciones violentas pero que nunca pasaban de las mesas en las que bebían café y fumaban cigarros en cadena.
Un fenómeno que en esta era es llamado “activismo de teclado” el cual se indigna, reclama, emite posteos incendiarios y replica cuanto meme llega a su cuenta pero que de ahí no pasa.
Con esto no quiero decir que las redes sociales no sean un indicador del sentir de un sector de la sociedad, sin embargo es un sector reducido el cual, de ninguna manera, representa el sentir de un país completo.
Muchos de estos “activistas” tienen su propia agenda así como sus propios intereses y, está comprobado, existe una gran cantidad de “bots”, cuentas pagadas y manejadas por personas que siguen una estrategia planteada por distintos grupos de poder.
Las redes sociales son un fenómeno que está transformando nuestra sociedad y la forma en que esta funciona, sin embargo -por lo menos en México- aún no es un factor capaz de desestabilizar o tumbar a un gobierno.