“En realidad nos dimos cuenta -acá en la oficina- cuando quisimos confirmar una cita con un cliente. Por más mensajes que le mandábamos, se negaba rotundamente a contestar.

Tuvimos que hablarle por teléfono.

Sólo después de que alguien lo vio publicado en Facebook, comenzamos a darnos cuenta de lo que estaba pasando…”

Este es tan solo uno de tantos testimonios de la dura jornada que ayer vivieron millones de personas alrededor del mundo.

El amado, el odiado, el imprescindible sistema de comunicación mediante texto, imágenes y audio se había “caído” y miles de personas sufrieron de una repentina orfandad existencial.

Entre los múltiples memes que circularon (en Facebook porque en Whatsapp no se podía) llamó mi atención -y de paso me dio risa- uno que mostraba a dos mujeres abrazándose de manera desconsolada mientras que al pie decía: “Madre e hija se encuentran por primera vez en su casa luego del fallo de WhatsApp”.

Sin embargo también llamó la atención un posteo en la red social que decía: “La gente se preocupa más por su WhatsApp que por las grandes posibilidades de que comience la Tercera Guerra Mundial mañana mismo.

Afirman los críticos que el género humano se encuentra más preocupado por lo que ocurre a gente que está a muchos kilómetros, que por lo que le pasa a la que está físicamente cercana y creo, que lo que pasó ayer, es una clara muestra de la realidad de esta aseveración.

¿Estamos mejor comunicados gracias a la tecnología actual? O, al contrario ¿Ésta nos limita la comunicación con los que están a nuestro alrededor?

Seguiría reflexionando al respecto, pero… ya regresó WhatsApp…

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