No todos los que emigraron ilegalmente a Estados Unidos lo hicieron de forma deliberada. Cientos de niños, quienes dependían de las decisiones de sus padres, arribaron al vecino país de pequeños y sin haber tenido nada que ver con semejante responsabilidad.
Llamados “dreamers” por compartir con sus padres el sueño norteamericano, estos migrantes accidentales obtuvieron un gran respiro durante la administración de Obama quien supo entender el potencial de toda una generación de jóvenes decididos a trabajar por su futuro (unos 800 mil). Para ellos diseñó el DACA, que son las siglas en inglés de “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” (“Deferred Action for Childhood Arrivals”).
Lo que pretende (o pretendía DACA) era evitar la deportación así como otorgar permisos de trabajo (temporales pero renovables) a aquellos jóvenes que cumplieran con una serie de condiciones, aunque no era garantía de para obtener la residencia o la nacionalidad, era una forma de emprender el camino en esa dirección.
El día de hoy Donald Trump, que está empeñado en “tumbar” todo el legado de Barack Obama, anunció la cancelación del plan, cosa que ha causado una ola de críticas y de manifestaciones por parte de los propios dreamers.
Además de los sueños destruidos estos jóvenes tienen que enfrentar con una cruel realidad: para poder entrar al programa, los “dreamers” tuvieron que registrarse y dar al gobierno una serie de datos que, ahora, podrán ser usados en su contra.
Confiaron en su sueño, confiaron en un gobierno y, ahora, llega la traición. La mayoría de ellos tal vez ni siquiera recuerda cómo era la vida en México sin embargo encaran la muy real posibilidad de ser deportados.
Han sido traicionados.
Jóvenes que en su mayoría aprendieron una gran cultura del trabajo, muchos de ellos ya incorporados a la actividad económica, a veces como empresarios.
Jóvenes como Alonso Guillen quien perdió la vida durante las inundaciones de Houston intentando ayudar a sus vecinos (aquí la historia).
Jóvenes a los que les hicieron una promesa, y ahora han sido traicionados.

Alonso Guillen