Tal vez sea a causa de que, en plena cruda de la temporada de vacaciones, el nivel informativo nacional aún no recupera su nivel normal de actividad.
Quizá todo gira en torno a ese cariño que le tenemos, los capitalinos, a algunos de los hitos de la ciudad que nos trae buenos recuerdos.
Puede que todo sea tan sencillo como que, la mayoría de los chilangos, somos muy tragones.
El caso es que a lo largo del pasado fin de semana vivimos una auténtica telenovela que involucraba a unos los puntos de comida -taquerías- más queridos de la Ciudad de México: “El borrego viudo” (Apenas unos días antes el local había sido declarado como la mejor taquería de la CDMx por el diario El Universal).
Este es un negocio, ubicado en la Avenida Revolución, que sin importar la hora (abre las 24) siempre se pueden ver clientes. Sus mejores momentos son las altas horas de la madrugada en la que la mayoría de los comensales provienen de antros y centros nocturnos.
Nada como una ronda de tacos al pastor o de suadero luego de una noche de copas.
A lo largo de medio siglo el local se transformó en todo un protagonista de la vida de la ciudad y, cabe suponer, un magnífico negocio.
El Borrego Viudo es toda una tradición, como tradición es en México, y en su capital, este tipo de historias que parecen salidas de un thriller de crimen: herencias controversiales, parientes criminales, despojo a la dueña por parte de un grupo armado… Luego de casi 50 años, ¿nadie se había dado cuenta que el local no tenía uso de suelo?
Fuera de conflictos por causa de herencias, una cosa nos queda clara con el caso del Borrego Viudo: la versión de una Ciudad de México “libre” de crimen organizado es un mito.
No importa lo que digan las autoridades; existen poderes que cada vez dejan sentir más su presencia en una ciudad que parecía haber librado el azote de estos grupos criminales.
Poderes con la capacidad de abrir y cerrar locales por la fuerza y de paso golpear funcionarios civiles de forma impune.
¿Hasta cuándo lo verán?