Si hoy hiciéramos una encuesta en la que la pregunta fuese ¿sabe usted que es lo que vamos a elegir en el proceso de este domingo (5 de junio) en la Ciudad de México? Lo más seguro es que la gran mayoría de los habitantes manifestarían su ignorancia.
Lo peor de todo es que, los pocos que saben a ciencia cierta qué es lo que se está votando, no conocen la forma en que se realiza, de cómo se escogerán a los participantes, de que el 40% de ellos ya fueron seleccionado al dedazo del presidente, el jefe de gobierno y el poder legislativo.
No saben que el proceso se realizará de forma plurinominal, es decir, que cada partido recibirá un número determinado de escaños según el porcentaje de votos obtenido, por lo que cada uno de estos ya tiene una lista en la que los políticos de siempre esperarán, formaditos y cruzando los dedos, su asignación.
Tampoco saben que fue sólo una minúscula cantidad de “independientes” los que pudieron superar las draconianas exigencias del INE para participar y que para votar por ellos hay que colocar su número y nombre en la boleta, en vez de la mucho más sencilla operación de cruzar un logotipo partidista.
El INE destinó millones de pesos para este proceso y al parecer ha sido todo un fracaso; se espera que la participación ronde apenas un 30% del padrón por lo que la jornada del domingo será desangelada y prácticamente marginal.
Por su parte los partidos hicieron una serie de campañas, la mayoría de ellas bastante tontas e incluso agraviantes para nosotros los ciudadanos. No nos enteramos de propuestas concretas, tan sólo listas de buenos deseos.
En fin, que lo que debería de haber sido todo un evento histórico para esta sufrida ciudad, la creación de una Constitución que la regirá las próximas décadas, tan sólo será una nota al margen donde los partidos y los políticos impondrán sus intereses en un proceso que debería de haber sido para los ciudadanos.
Como de costumbre.