“Ahí están sus cosas, recoja cada quien sus pertenencias. Nada más me hacen el paro”.
Y eso hicieron los pasajeros que venían en el camión proveniente de San Mateo Atenco con destino a la Ciudad de México. Nadie fue a la policía, nadie reportó nada. Todos callaron hasta que la policía intervino para definir qué fue lo que ocurrió con las cuatro personas que quedaron tendidas prácticamente sobre el pavimento de la carretera México-Toluca.
La noticia llegó muy rápido a los principales medios. Cuatro cuerpos, con toda la violencia que caracteriza al ajuste de cuentas del narco, abandonados en la carretera.
Por supuesto que algunos empezaron a hablar sobre la “llegada” del crimen organizado, de la violenta lucha entre bandas rivales al Valle de México.
Cuatro cuerpos con heridas de bala, algunos de ellos “rematados” con toda la sangre fría posible.
¿Qué fue lo que ocurrió?
La labor forense detectó que uno de los cuerpos tenía un boleto de una línea de camiones que hace el servicio entre San Mateo Atenco y la Ciudad de México. Esto llevó la investigación a una corrida determinada que circuló por esa vía a la hora en que se realizaron los asesinatos.
Fue en ese momento cuando las cosas comenzaron a aclararse: algunos de los pasajeros localizados narraron los hechos. De cómo cuatro personas -que viajaban en el autobús- aprovecharon para levantarse y, amenazando con un arma de fuego y cuchillos, despojaron a los pasajeros de sus posesiones.
Sin embargo, cuando terminaban, una persona que viajaba en la parte posterior disparó en contra de los ladrones hiriéndolos. Estos todavía pudieron bajar sin embargo, el individuo en cuestión -el “vigilante“-, bajó tras ellos para rematarlos y dejarlos tendidos a orillas de la carretera.
Acto seguido, regresó al camión, donde devolvió las pertenencias de los pasajeros y pidió que “le hicieran en paro”.
Algunos kilómetros más adelantes este hombre bajó del camión para perderse en el vacío suburbano de La Marquesa.
¿Qué hubiera pasado si ese individuo no hubiera estado a bordo el autobús? ¿Qué los ladrones se hubiesen salido con la suya?
El caso sería uno más dentro de la lista de violencia en esta ciudad. Un caso que ni los propios afectados hubiesen denunciado a las autoridades. Demasiado tiempo, demasiadas molestias; un estresante trámite en Ministerios Públicos abúlicos que lo que menos les interesa es investigar ese tipo de crímenes. Las propias víctimas, despojadas de algo de dinero y algún celular relativamente barato, agradecerá que las cosas no hayan pasado a mayores.
¿Cuántos de estos asaltos ocurren sin que los medios o las redes sociales se enteren?
¿Cuántos casos donde los afectados son personas que no causan mayor revuelo? ¿Qué no son grabados con un teléfono o no son replicados por un líder de opinión o una red social?
Esta es la tragedia (además del hecho de que una banda operara impunemente sobre una de las carreteras más transitadas del país): que, si no hubiese habido un “vigilante” a bordo del vehículo, sobre el que ya se desató una auténtica cacería humana, la gran mayoría no nos hubiésemos enterado de una crimen que ocurre casi de manera sistemática.
Una tragedia que día a día sufren cientos de personas, pero de la que la autoridad hace caso omiso.
Una muy mala señal del pulso de un país, cuando los “vigilantes” salen a la calle a hacer justicia…. Más mala aún cuando la gente lo aplaude pero, además, le “hace el paro“.